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-?No teneis acaso otra hija? -No-dijo el hombre-, solo tenemos una Cenicienta, pequena e ingenua, de mi difunta esposa, pero es imposible que ella sea la novia. El hijo del rey dijo que fueran a buscarla, pero la madre respondio: -Ay, no, esta demasiado sucia, no puede dejarse ver. Pero el insistio en verla a toda costa y tuvieron que llamar a Cenicienta. Ella se lavo primero las manos y la cara, fue luego hasta alli y se inclino ante el hijo del rey, que le tendio el zapato de oro. Despues se sento en un escabel, saco el pie del pesado zueco de madera y lo metio en la chinela: le quedaba como hecha a medida. Y cuando se enderezo y el rey la miro a la cara, reconocio a la hermosa joven que habia bailado con el y dijo: -!Esta es la verdadera novia! La madrastra y las dos hermanas se asustaron y empalidecieron de rabia, pero el subio a Cenicienta al caballo y se marcho de alli. Al pasar por el pequeno avellano, las dos palomitas blancas dijeron: -Vuelvete y mira, vuelvete y mira, ya no hay sangre en la zapatilla: la zapatilla bien ya le encaja, a la novia de verdad llevas a casa.